Me llamo Laura y yo Alejandro, y os vamos a contar porque acabamos acudiendo a una terapia de pareja.

Antes de nada, nos gustaría recalcar y hablo por los dos, que nunca se nos había pasado por la cabeza que después de tantos años y por todo lo que habíamos pasado, acabaríamos en una terapia de pareja,  y menos mal, porque sino, no sé que hubiera sido de nosotros.

Empiezas tú o yo, mejor empieza tú.

Laura: Por donde empezar.

Como toda relación o por lo menos yo lo recuerdo así,  los primeros años fueron increíbles.

Alejandro: Estoy totalmente de acuerdo.

Laura: Yo venía de una relación tóxica, donde hubo más que palabras y esto me llevo a ciertas inseguridades, miedos, desconfianzas, culpabilidades y durante años me prometí que no estaría con nadie porque para qué, mejor sola que mal acompañada, hasta que un día, sin buscarlo, apareció Alejandro.

Eso sí, tengo que decir que a pesar de que esos años fueron increíbles porque nunca nadie me había tratado así, y pude aprender a su lado lo que era realmente el amor, para mí no fue nada fácil.

Alejandro: Yo en ese momento viajaba con frecuencia por mi trabajo, había tenido alguna relación que otra pero ninguna de ellas dio sus frutos así que, decidí centrarme en mí y en mi trabajo .

Laura: No fue fácil porque cómo él viajaba tanto y no teníamos las facilidades que se tiene ahora, solo nos podíamos comunicar por carta y si estaba en España por teléfono, los miedos e inseguridades volvían a aparecer cada vez que se iba.

Cuando estábamos juntos, tampoco fue nada fácil porque como yo estaba acostumbrada a comportarme de una forma determinada arraíz de la otra relación, me llevó cierto tiempo cambiarlos.

Alejandro: En mi caso, al no haber estado realmente nunca con nadie, también me costó adaptarme con determinados aspectos que totalmente desconocía.

A pesar de ello y estarás de acuerdo conmigo,  ambos hicimos que fuera especial.

Laura: Totalmente de acuerdo.

Laura: Con los años Alejandro ya puedo instalarse en España y una vez aquí, no tardamos en casarnos para que yo tuviera más autonomía e independencia porque no sé si os acordáis en esos años si una mujer quería adquirir cierta libertad aunque siempre estaría sometida a su marido, la única manera de conseguirla era casándose.

Yo era otra, ya tenia a Alejandro a mi lado y podía salir y entrar si tener que dar explicaciones a nadie, algo increíble.

Alejandro: La verdad es que no nos costó nada adaptarnos uno al otro, la convivencia era increíble, fue como volver a empezar.

Hasta que al año, sin ir a buscarlo, vino Carlos y esto si que fue un verdadero reto, los dos éramos muy jóvenes y encima en ese momento yo me quedé sin trabajo por la crisis del 1991 que muchas o muchos la recordaréis.

Así que imaginaros… los dos sin trabajo, con una casa y un niño.

Laura: Menos mal que Alejandro encontró rápido trabajo, porque lo pasó muy mal.

En esos tiempos el que tenía que mantener a la familia era el padre y sino lo conseguía era una ofensa. Yo le propuse trabajar pero en ningún momento me lo permitió porque mis funciones era cuidar de la casa, los hijos/as y a él.

Después de tanto tiempo esperando a estar juntos y deseando vivir todo aquello que nos habíamos prometido, todo cambió de la noche a la mañana.

Alejandro: Los años fueron pasando y tuvimos a nuestra segunda hija.

Laura y Alejando: que quede claro que nunca dudamos de tener a Carlos, ha sido y es lo mejor que nos ha pasado en la vida, junto a Silvia.

Laura: Éramos la familia perfecta hasta que nuestro hijo y nuestra hija se hicieron mayores.

Por qué digo hasta, porque hasta ese momento nuestra función fue ser madre y padre, y en ningún momento nos preocupamos por cuidar nuestra relación.

De un día para otro estábamos solos, yo encargándome de las tareas de la casa y él de traer el dinero a casa.

Apenas hablábamos, y si hacíamos algo, siempre eran las mismas cosas ,un horror… que nadie se le ocurra preguntarme por las relaciones sexuales.

Y claro imaginaros yo sola en casa, me empecé a agobiar, la paredes se me echaban encima, me sentía inútil así que decidí ponerme a trabajar, la mejor decisión que he tomado después de tener a mi hija e hijo pero no lo fue tanto para Alejandro.

Alejandro: Es verdad, lo tengo que reconocer, yo me había acostumbrado a vivir de esa manera que la verdad que ni me di cuenta.

Laura: Imaginaros la situación, si la comunicación ya era escasa en ese momento fue inexistente…

Nos fuimos alejando cada vez más uno del otro, la rutina la verdad que nos mató, era como si nos hubiéramos cansado uno del otro.

Alejandro: La verdad que sí.

Laura: Las discusiones cada vez se hicieron más frecuentes  y a unos niveles que nunca se no hubiera pasado por la cabeza que éramos capaces de llegar.

La tensión se mascaba en el ambiente.

Se generó cierta desconfianza mutua, ya no hacíamos nada juntos y si lo hacíamos era por separado.

Yo ya no podía más.

Alejandro: Ni yo tampoco.

Laura: estábamos juntos porque llevábamos juntos toda la vida.

Así que un día, hablando con una compañera me comentó, que ella y su pareja se encontraron  en una situación parecida y decidieron como última opción acudir a una terapia de pareja y que les había cambiado vida.

Por ello, me decidí a comentárselo a Alejandro, nos merecíamos una última oportunidad.

Para mi sorpresa a él le parecía bien.

Alejandro: Yo ya me había estado informado también por internet.

Laura: Sin perder más tiempo, llame al psicólogo de mi amiga y le solicitamos una cita.

Alejandro: En está primera cita fuimos primero los dos juntos, y a las dos siguientes por separado.

No sé realmente los que nos pasó pero desde el primer momento los dos nos sentimos más libres, con ganas de estar el uno con el otro.

Laura: La verdad que sí.

Así por encima nos enseño a:

  • Conocer cuáles son las áreas de una relación de pareja y el porqué hay que trabajar día a día.
  • Volver a estar juntos como cuando nos conocimos.
  • Hacer actividades juntos, algo que teníamos olvidado.
  • Separar los espacios, es decir, que no tenemos que estar siempre juntos físicamente, sino que tenemos que hacer cosas por separado, otras juntos y otras con la familia.
  • Desarrollar distintas habilidades de comunicación algo que en los últimos meses o incluso años era imposible.
  • Mejorar el clima emocional para no centrarnos exclusivamente en los aspectos negativos de la relación, lo que nos permitió darnos cuenta lo mejor que teníamos: el porqué queríamos estar juntos.
  • Mejorar las relaciones sexuales algo que llevamos sin hacer…
  • Prevenir futuros problemas.
  • Etc.

Alejandro y Laura: Tampoco nos queremos alargar más.

Como consejo, no lo dudéis si no podéis solucionar vuestros problemas por vosotros/as mismos/as acudir a una terapia de pareja es mejor intentarlo, que después pensar qué hubiera pasado sí…

Aquí pongo punto y final a este Caso clínico Nº 23: Terapia de Pareja. 32 años juntos.

Espero que te haya servido de ayuda.

Si me he dejado algo o tienes alguna duda… no dudes en escribirme.

Gracias por haber llegado hasta el final y te animo a seguir leyendo otros artículos relacionado con la práctica clínica del duelo patológico o si no otras secciones de este blog de psicología.

¡Nos vemos pronto!

BORJA CUELLAR

BORJA CUELLAR

Psicológo Sanitario

Desde que cursé el Máster Oficial de Psicología Clínica y de la Salud, he ido compaginando la intervención psicológica con el diseño y desarrollo de proyectos sociales. Mientras tanto he ido complementando mi formación con distintos cursos del Colegio Oficial de psicólogos y otras instituciones.

Decidí crear el “Blog Qué Piensa un Psicólogo ” para ayudar, dar a conocer de una forma creativa y diferente los entresijos de la ciencia que estudia el comportamiento humano (psicología), y como medio de aprendizaje continuo personal y profesional.